Publicado el miércoles, 24 de febrero de 2016
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Silvio Herasme Peña es una luz permanente de dignidad, que no puede morir tan sencillamente.
En la madrugada de hoy lo sorprendió la muerte. Un infarto fulminante paralizó su corazón. El periodismo dominicano ha perdido a uno de sus cerebros mejor armados; de una vocación trascendente hacia los valores inmanentes de la pureza y el honor.
Silvio fue el maestro, el amigo, el compañero, el modelo de periodista honesto, sabio, inteligente, perspicaz y agudo. Admiré siempre su nobleza, su templanza y sobre todo, su voluntad de vivir dando ejemplo. Era serio y puro como el roble, y no se arredraba ante nada. La injusticia y la inmoralidad lo atormentaban.
Hoy siento el deber de recordar con mucho cariño a sus hermanos Emilin y Don Yiyo. Triada que constituyen troncos venerables del periodismo ético, de la buena formación para el ejercicio sano y especialmente de la lucha por crear en el país una democracia real, sin los lastres de la dictadura. Quise mucho a Silvio. Era el maestro, y siempre lo vi como un padre puro, que nunca se dobló ante la adversidad.
Con Silvio viví los momentos estelares de mi vida, cuando ejercer el periodismo era un riesgo y un acto de valentía y de asunción de responsabilidad con la sociedad a la que todos aspiramos. Yo conocí de cerca a Silvio, y nunca olvidaré sus gestos. Confió en mi cuando era un jovencito que apenas despegaba, y me dio la oportunidad de conducir el periódico La Noticia en uno de sus momentos más difíciles. Silvió confió en los jóvenes que él había formado, y no lo defraudamos.
Hoy tengo que recordar a los colegas que se han ido a morar a los eternos cielos de Dios; a Marcelino Vega y Leandro Cepeda, a José Labourt y José Alberto Sánchez, a Julián Cabrera y Víctor Méndez. Murieron en la flor de su juventud, en el ejercicio pleno de la profesión. Silvio creó una escuela. Nos enseñó a pensar y a ser auténtico, a no bajar la cabeza y a vivir una vida apegada a lo que creemos, no importa los sacrificios. En 1986 viví con Silvio una experiencia que contaré en algún momento, porque me enseñó en toda su grandeza los dones de la vida.
Esta muerte de Silvio nos taladra y aturde, y hoy, ante su familia y frente a su memoria, nos toca agradecer por todo lo que nos brindó, su amor, su cariño, su pasión y su entrega total. Gracias Silvio, nunca le olvidaremos.
José Rafael Vargas, Senador de la República./22/2/2016














