Publicado el miércoles, 21 de agosto de 2013
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Primer año de Danilo Medina
Ramón Tejeda Read | perspectivaciudadana.com | 19-08-2013
Por décadas, a la hora de evaluar el desempeño de nuestra economía, se nos hablaba de crecimiento o decrecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).
Otro indicador que servía para medir el estado de desarrollo de la población era el de ‘ingreso per cápita’.
De hecho, la riqueza producida por nuestro pueblo ha estado creciendo por décadas y los gobernantes (unos más otros menos) en sus discursos han estado descansando en tales indicadores para medir sus aciertos.
Pero la verdad es que, en rigor, ni el PIB ni el per cápita sirven para medir el verdadero estado de bienestar de una población.
En realidad, ninguno de los dos explica si en el año hubo o no crecimiento para las familias.
De hecho, el pueblo, que sabe más de lo que muchos especialistas creen, suele burlarse del cacareado crecimiento del PIB o del supuesto ingreso per cápita preguntando que quién es que se queda con su parte del crecimiento, puesto que nunca le llega.
Si algo ha quedado claro en este primer año de gobierno de Danilo Medina es que el crecimiento es un sofisma cuando no hay un gobierno a cargo del Estado garantizando que ese crecimiento se distribuya.
Era un cuento aquello de que si crecía la riqueza (el PIB) habría ‘derrame’ y los pobres y excluidos en sentido general recibirían su parte por vía de ese ‘derrame’.
Y así estuvimos por décadas: creciendo los ricos y sus empresas y estancados o decreciendo los pobres y la clase media.
Los sueldos y salarios de miseria, la falta de financiamiento y la inflación, la falta de oportunidades y la exclusión impiden el progreso a la población más vulnerable y a la clase media baja.
Las iniciativas del primer año del presidente Medina dieron arranque a un nuevo modelo de desarrollo en nuestro país; uno que busca la producción de riqueza, pero también su distribución más equitatitiva; que no espera el derrame automático, sino que lo provoca, como debe ser.
Es ese programa de desarrollo puesto en marcha en estos doce meses el que explica la altísima valoración del Presidente en la población.
Obviamente, lo mejor de ese modelo se verá en los años por venir, puesto que en este año tan sólo se han echado los cimientos del nuevo modelo de desarrollo.
Por décadas, a la hora de evaluar el desempeño de nuestra economía, se nos hablaba de crecimiento o decrecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).
Otro indicador que servía para medir el estado de desarrollo de la población era el de ‘ingreso per cápita’.
De hecho, la riqueza producida por nuestro pueblo ha estado creciendo por décadas y los gobernantes (unos más otros menos) en sus discursos han estado descansando en tales indicadores para medir sus aciertos.
Pero la verdad es que, en rigor, ni el PIB ni el per cápita sirven para medir el verdadero estado de bienestar de una población.
En realidad, ninguno de los dos explica si en el año hubo o no crecimiento para las familias.
De hecho, el pueblo, que sabe más de lo que muchos especialistas creen, suele burlarse del cacareado crecimiento del PIB o del supuesto ingreso per cápita preguntando que quién es que se queda con su parte del crecimiento, puesto que nunca le llega.
Si algo ha quedado claro en este primer año de gobierno de Danilo Medina es que el crecimiento es un sofisma cuando no hay un gobierno a cargo del Estado garantizando que ese crecimiento se distribuya.
Era un cuento aquello de que si crecía la riqueza (el PIB) habría ‘derrame’ y los pobres y excluidos en sentido general recibirían su parte por vía de ese ‘derrame’.
Y así estuvimos por décadas: creciendo los ricos y sus empresas y estancados o decreciendo los pobres y la clase media.
Los sueldos y salarios de miseria, la falta de financiamiento y la inflación, la falta de oportunidades y la exclusión impiden el progreso a la población más vulnerable y a la clase media baja.
Las iniciativas del primer año del presidente Medina dieron arranque a un nuevo modelo de desarrollo en nuestro país; uno que busca la producción de riqueza, pero también su distribución más equitatitiva; que no espera el derrame automático, sino que lo provoca, como debe ser.
Es ese programa de desarrollo puesto en marcha en estos doce meses el que explica la altísima valoración del Presidente en la población.
Obviamente, lo mejor de ese modelo se verá en los años por venir, puesto que en este año tan sólo se han echado los cimientos del nuevo modelo de desarrollo.










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