Publicado el viernes, 2 de septiembre de 2011
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Boca de Cachón: “Tamo eperando que Dio seque el lago y se eche pa trá"
BOCA DE CACHON, República Dominicana.- En Boca de Cachón, un paraje del municipio de Jimaní, están esperando que Dios seque el lago Enriquillo para ver si ellos pueden volver a la normalidad. Los que sembraban y criaban vacas o chivos lo perdieron todo, pero hasta los que pescan tienen el agua al cuello en este sector.
“Rubito”, como se dio a conocer un albino malhumorado que pescaba en la zona, sabe bien lo que es pescar en ese brazo de mar en que se ha convertido esta comunidad. Este domingo, 28 de agosto, su camioneta perdió los frenos y terminó en una cuneta anegada del agua del lago. Después de horas de afanar, tuvo que ser remolcado.Uno de sus ayudantes revela que la expectativa de ellos está puesta en Dios: “Tamo eperando que Dio seque el lago y se eche pa trá”, lo que demuestra un divorcio entre los esfuerzos de los investigadores que estudian el fenómeno por determinar unas causas que permitan la intervención humana y la idiosincrasia de estas poblaciones.
La gente tiene que aprovechar lo último que queda en la zona, y si el cambrón se secó por la inundación y el agua salada, no queda más que cortarlo y picarlo para leña. Ese es el último reducto productivo en el área. Para los demás, tomar aire es lo que queda.
Santa Donata Nova, una mujer de 69 años, se debate entre tragar aire y arroz blanco. Desde que a su esposo se le anegaron las dos parcelas y el potrero no tiene fuente de ingresos; si aparecen 100 pesos, lo compran de arroz y huevo y con eso engañan al hambre.
Domingo Recio, su esposo, cuenta 84 años, y hace un año y medio sufrió una trombosis cerebral que lo mantienen semipostrado en una mecedora de guayacán en el frente de su casa. La enfermedad vino tras la inundación de sus predios, tal vez acelerada por la preocupación que da la inseguridad alimentaria.Ninguno de los dos saben cuántas tareas de tierra tenían, solo saben que era mucha tierra: dos parcelas y un potrero, que era su sustento, de donde sacaban el racimo de plátano para vender, pero no tenían cuantificado ni la extensión de tierra ni el valor.
“Tenemo un seguro (Solidaridad) que nos dio el Gobierno, no es mucho, pero argo (algo) es argo (algo)”, cuenta la mujer, porque Domingo, sin ser mal educado, se mantiene parco en su silla, dice solo lo necesario para ayudar a los reporteros de Acento.com.do en su trabajo.
En la tarjeta Solidaridad, el Gobierno les pone 700 pesos mensuales, con eso se ayudan. Por otro lado, la mujer debe colectar entre hijos y amigos para, cada mes, disponer de 5 mil pesos para los medicamentos de su compañero.
“De los cinco mil pesos me han sabio devolver 125 y 150 pesos”, así responde Santa a la pregunta de cuánto cuestan los medicamentos de Domingo. Sin embargo, esa cantidad no cubre los medicamentos que debería recibir un hijo de ambos que sufre un trastorno mental.
El muchacho, de 36 años, ni ha recibido atención médica ni está bajo medicamentos actualmente. “No tengo esa ayuda ni quien me ayude tampoco”, dado esta situación,lo tienen atado porque si no “rompe a caminá y caminá se para medio a medio ar (al) sor (sol) y e capá (capaz) de morise achicharrao”. A veces es medio violento y generalmente se unta el cuerpo de lodo aunque esté acabado de asear.
Y si fuera solo el lago. Cuando llueve el caserío de Boca de Cachón también se inunda de las aguas de una cañada sin nombre que baja desde Tierra Nueva y anega toda la zona oeste de este poblado, ubicado en al oeste del lago Enriquillo. Para Santa esto es un problema, ya que tiene a su cargo un hombre inválido y un enfermo mental, y que no tiene la ayuda de otra persona en el hogar.
“Tamo que sin llové y si llueve el agua la casa no se pone media de agua que tenemo que salí degaritá”.
Sobre los planes del Gobierno de reubicar esta población apenas ella ha escuchado el rumor de que unos tractores están trabajando por la zona del puente del arroyo. Con Tierra Nueva (más hacia la frontera), no quieren nada, dicen que es una tierra mala e inundable.
Ya a finales de los años 60 Joaquín Balaguer hizo un asentamiento agrícola en Tierra Nueva que no funcionó y que rápidamente fue abandonado. Además, la misma cañada que dicen se desborda en esos predios es la que los inunda en Boca de Cachón.
“Tamo má perdió que gano, en urtima (ultima)”.
Extraido de acento.com.do



























